El amor y el capitalismo

¿Qué es el amor?

Amor[1] es un concepto utilizado de manera frecuente que da sentido al vínculo establecido en las relaciones interpersonales; sin embargo, ¿Cómo se manifiesta? ¿Podría ser primordial para los propósitos de los seres humanos? ¿Es acaso la difusión del amor el resultado de un enfoque mercantilista y propio de las sociedades capitalistas?

En el contexto histórico de las sociedades del siglo XXI, la instauración del Capitalismo como sistema económico, se ha fundamentado en el capital como medio de producción de bienes y consumo. A través de los procesos de producción, la sociedad pretende satisfacer diversas necesidades que la conducen a un confort; transforma al individuo en un ser materialista que de manera imperceptible y progresiva lo deshumaniza.

¿Y los sentimientos? ¿Qué ocurre con la expresión subjetiva de los seres humanos? ¿Cómo entender el amor en el contexto capitalista?

¿Existe la posibilidad de revelar mundos subjetivos que proyecten amor por causa de la fortaleza económica del Capitalismo?

El desarrollo personal y psicosocial de los individuos se afianza a través de la convivencia cotidiana porque actúa como entorno para expresar “quienes somos”, y compartir lo que sentimos al interactuar y reconocer la otredad.

El objetivo primordial del Capitalismo se centra en generar beneficios económicos y ganancias particulares. Su influencia puede traspolarse al ámbito de las relaciones interpersonales, específicamente las de pareja, debido a que en las directrices del escenario histórico confluyen factores estructurales que propician un desarrollo social, económico y político.

Sin embargo, ésta construcción integral determina simultáneamente procesos culturales específicos que matizan los aspectos propios de los seres humanos, y por otra parte, los factores intangibles y de escaza consideración del sistema económico.

Si bien el escenario Capitalista encauza a los seres humanos hacia la productividad y aceptación de condiciones adversas que no están en su control sino en el de las élites hegemónicas, en el amor que se expresan las parejas sucede de manera análoga, es decir, la expectativa que tiene uno respecto al otro se desenvuelve en una atmósfera ilusoria: “se delega en la pareja la responsabilidad de hacer feliz al otro”, como ilusorio es también el hecho de considerar que el propósito existencial del ser humano es convertirse en mano de obra para el desarrollo social. En este sentido, el objetivo de las relaciones de pareja acentúa la finalidad de ser feliz, pero es una intencionalidad que debe asumir el otro.

Centrarse únicamente en los beneficios económicos y en el estado de bienestar que brinda una relación de pareja, eclipsa el entendimiento y vivencia personal relacionada con el proceso de construir una relación de pareja y sus implicaciones, en la personalidad tiende a influir en la expresión del carácter, las expectativas, los ideales, los disgustos, etc., susceptibles de conciliación y comprender la particularidad del otro.

Existe la posibilidad de que se conceptualice una visión constreñida sobre la esencia del amor, la cual se podría manifestar en ideas como: “El amor es… establecer relaciones fundadas en el miedo y en el control; es una guerra de manipulación; implica fidelidad pero también vulnerabilidad”, etc.

Aunado a ello, resalta la condición hedónica para vislumbrar incipientemente la naturaleza de este sentimiento mediante la satisfacción inmediata, es decir, la incesante búsqueda de placeres que la pareja puede darse.

Sentimientos como el amor, indudablemente están supeditados no sólo a las condiciones personales de revelación subjetiva, sino que tácitamente se entrelazan con el pensamiento histórico-social, el cual condiciona la ideológica con respecto a los propósitos de vida y cosmovisiones, incluida las relaciones de pareja.

Por lo tanto, es preciso establecer diálogos intrapersonales que socaven la interioridad humana para que los individuos descubran el lenguaje de su propio ser, y así, dimensionar que el amor es un sentimiento universal, que por su insondable naturaleza trasciende la temporalidad determinada por el hombre y cualquier modelo económico. Es necesario destacar que la sociedad actual acostumbra expresar el amor de pareja mediante obsequios que se materializan de manera concreta para asegurar permanencia o bien, brindar seguridad y confianza para que la relación prospere. La peculiaridad de este sentimiento es mostrar la sensibilidad oculta tras espejismos psicológicos que adquieren formas diversas según el contexto social en que se desenvuelva el individuo.

No se puede producir amor, los seres humanos no están predeterminados para fabricarlo… el hombre en sí mismo es la expresión pura del amor… lo que sucede es que al olvidar su misión existencial, olvida que es amor en toda su manifestación y, en consecuencia, la felicidad que acompaña este sentimiento es responsabilidad de cada ser humano… Lo esencial es que el hombre disperse a otros y al mundo, el amor que guarda dentro de sí. En este sentido, surge una premisa interesante: el hombre no puede consumir amor porque es amor. Comprender la esencia del amor depende enteramente de la perspectiva en la que se conciba la naturaleza del ser, de los otros y del Universo, de la misma manera se transmite a través del amor a la pareja.

En el amor que se tiene a una pareja interviene activamente el legado contextual (histórico, económico y político), familiar y la interpretación intrínseca que hace cada individuo sobre las relaciones amorosas entre dos personas. La revelación amorosa que se transmite en pareja, trastoca el esclarecimiento filosófico de dicho sentimiento a través del lenguaje espiritual que se comunica con el otro, con el anhelo de encontrar reconocimiento anímico y complementariedad; la esencia del amor es proclive en la aceptación de condiciones armónicas y tal vez adversas; asimismo, y quizás de forma absoluta, es el sentimiento que abraza las manifestaciones de vida en el Universo.

[1]  Una de las definiciones del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, es: Sentimiento de vivo afecto e inclinación hacia una persona o cosa a la que se le desea todo lo bueno.

 

REFERENCIA

Ruiz, Miguel, La Maestría del Amor. Una guía práctica para el arte de las relaciones, España, Urano, 2001, págs. 61-89.

Peregrina, Rafael, METAFÍSICA: El secreto de la Felicidad, México, Editores Mexicanos Unidos, S. A., 2009, p. 146.

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