Leonardo Da Vinci: precursor de las ciencias

Un hombre exepcional que le dio al mundo de todo

El artista renacentista Leonardo da Vinci (1452-1519), un hombre con una mente brillante (única), abordo un sinfín de temas, disciplinas y áreas. Pero antes que nada, él fue un gran pintor del realismo con obras maestras como: “La Gioconda” mejor conocida como “La Mona Lisa”, “La Última Cena”, entre otras. Como artista también fue escultor y arquitecto.

Además da Vinci incursionó en la biología a través de la anatomía, con los primeros dibujos del cuerpo humano, detallando músculos y huesos. Se comenta que hacia disecciones en forma clandestina, ya que en su tiempo estaba prohibido. Él se las ingeniaba, pagaba a los sepultureros por cuerpos del cementerio, recién enterrados.

El contacto y conocimiento del cuerpo humano, le permitió entre otras cosas, estudiar el funcionamiento de los sistemas y órganos del hombre, factor que contribuyó al estudio de la fisiología y anatomía, lo que le permitió dejar tratados de estas disciplinas de la Biología. En esta ciencia del estudio de la vida, clasificó plantas, aportando conocimientos básicos para el desarrollo de la taxonomía y la botánica, retomados posteriormente por el llamado “biólogo de biólogos” Lázaro Spallanzani (1729-1799) y a Juan Bautista Lamarck (1744-1824). Es por estas aportaciones y más que es considerado como un precursor de las ciencias naturales.

Como dibujante era excelente, con formas y líneas exquisitas, que se puede apreciar en todos sus bocetos, dibujos y pinturas. 

Su ingenio y talento  se hizo notar desde una edad temprana con sus dibujos mitológicos.

Su enorme curiosidad se manifestó tempranamente: ya en la infancia dibujaba animales mitológicos de su propia invención, inspirados en una profunda observación del entorno natural en el que creció. Giorgio Vasari, su primer biógrafo, relata cómo el genio de Leonardo, siendo aún un niño, creó un escudo de Medusa con dragones que aterrorizó a su padre cuando se topó con él por sorpresa (biografías, 2016).

Las aportaciones que realizó, son múltiples, le dio al mundo de todo. Se puede constatar con sus obras, escritos que hoy permanecen en colecciones particulares y museos, en donde se puede notar su incursión tanto en la física: óptica, acústica, estudio del agua y líquidos, la mecánica, la luz, entre otras. Así como en la ingeniería,  geometría, geografía, cartografía, aerodinámica, hidráulica, y artefactos para la guerra.  Sus aportaciones son innumerables, claras y concretas.

Se conservan más de seis mil páginas de los cuadernos de Leonardo. Contienen miles de dibujos y gráficos acompañados de textos deliberadamente crípticos, por ejemplo, algunos fragmentos están escritos de derecha a izquierda, de modo que hay que leerlos con un espejo. Estos cuadernos se hallan esparcidos por toda Europa formando parte de colecciones privadas, muchos de ellos fueron a menudo olvidados y más de la mitad se han perdido, aunque alguno ha reaparecido como por milagro, como es el caso de los dos códices que se descubrieron entre polvorientos legajos en la Biblioteca Nacional de Madrid en 1965 (White  2001).

La genialidad, la invención y prolijidad de da Vinci no tenía limites, iba no sólo realizando obras maestras en las diferentes áreas del arte, sino que  sus estudios y aportaciones se acumulaban en tratados y compendios, que él en sus últimos años de vida pretendía difundir para aportar conocimiento al legado de la humanidad.

Los tratados que Leonardo tenía la intención de publicar abarcan todo tipo de disciplinas, desde las matemáticas hasta la anatomía. El florentino les puso títulos provisionales como: “Libro sobre perspectiva”, “Tratado sobre la cantidad continua” y “La geometría como juego”, “Tratado sobre los nervios, los músculos, los tendones, las membranas y los ligamentos” y “Libro especial sobre los músculos y los movimientos de los miembros”. En estos tratados también se recogen algunos descubrimientos científicos relativos a materias como la óptica, la acústica, la mecánica, la dinámica de fluidos, la geología, la botánica y la fisiología (White 2001).

En los sus últimos años vivió una etapa de tranquilidad en el Vaticano: empleado de la “casa real” como primer pintor, arquitecto y mecánico del rey en donde dibujó mapas y realizó diversos estudios, con un “sueldo digno”, a partir de 1517 su salud, que había sido buena hasta entonces, comenzó a desmejorar:

Su brazo derecho quedó paralizado, pero con su incansable mano izquierda, Leonardo aún hizo bocetos de proyectos urbanísticos, de drenajes de ríos y hasta decorados para las fiestas palaciegas. Convertida en una especie de museo, su casa de Amboise estaba repleta de papeles y apuntes que contenían las ideas de este hombre excepcional, muchas de las cuales deberían esperar siglos para demostrar su factibilidad y aun su necesidad.

Finalmente el 2 de mayo de 1519 murió en el castillo de Cloux en Francia (biografías, 2016).

 

Fuentes:

Michael White. Plaza & Janés, Barcelona, 2001, en

http://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/leonardo-da-vinci_7277

 

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